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Seguramente has visto algún anuncio en redes sociales para ganar dinero como "asesor" haciendo tareas, tesis y proyectos para alguien más. Lo que no sabes es que se trata de una red de explotación laboral que, de hecho, está prohibida en varios países, tanto por la deshonestidad académica como por los males que acarrea a quienes se "contratan" en esta actividad.
¿Cómo funciona?
Quienes manejan el negocio pagan publicidad en redes sociales, ya sea Instagram o Facebook. Los precios varían, pero una tesis la pueden cobrar entre 3 mil y 4 mil pesos mexicanos, unos 173 USD a 230 USD; pero el asesor apenas recibe la tercera parte de eso. Mientras que los negocios tienen tarifas fijas, los escritores deben entrar a una subasta en donde los precios más bajos son los que se llevan la tarea. Además, el pago no lo reciben al entregar el trabajo, sino que además puede estar sujeto a correcciones gratuitas, por lo que el dinero puede tardar hasta un mes en llegar.
Para ganar alrededor de 6 mil pesos al mes, menos del salario mínimo, el asesor debe trabajar más de 12 horas diarias sin descanso, con los riesgos para la salud que implica estar pegados a la pantalla tantas horas, el sedentarismo y la mala alimentación; sin contrato, prestaciones y con el riesgo de que muchos trabajos no se lleguen a pagar aunque se concluyan.
Para los usuarios la experiencia también tiene riesgos; aunque los anuncios aseguran que solo los expertos en la materia se encargarán del proyecto, en la práctica el trabajo lo puede realizar quien sea, así, un trabajo sobre medicina puede redactarlo alguien que no tiene formación alguna. Por otra parte, estos redactores pueden llegar a tener hasta 10 proyectos simultáneos, por lo que nadie puede garantizar la entrega a tiempo del proyecto o su calidad.
También está el hecho de que los profesores generalmente notan el cambio de estilo, trabajos de jóvenes que claramente han tenido serias dificultades de escritura y comprensión lectora, de repente se encuentran con trabajos con perfecta ortografía y alto grado de complejidad. Para el docente que no está en contacto con el mundo de la compra-venta de trabajos, su primera acusación recae en el uso de la IA, sin entender que los bots no son capaces de redactar trabajos así cuando están en manos de personas que poco entienden sobre lo que deben escribir. El maestro o maestra no se imagina jamás que su alumno pudiera estar usando un servicio para que alguien más redacte su proyecto.
La demanda es tan alta que hay varios grupos operando de forma similar, lo cual en México no es un delito; las personas implicadas en la explotación laboral pueden hacerlo impunemente porque todo se maneja desde el anonimato. Los asesores jamás entran en contacto con quienes piden las tareas; aunque claramente conocen sus nombres, escuelas y estados donde radican, un riesgo a la privacidad de los estudiantes.
Quienes se llevan el riesgo más grande son los estudiantes, quienes pueden verse sancionados si la universidad, la mayor parte privadas, descubre que hubo un fraude académico. En esta modalidad se han escrito bastantes trabajos de distintas materias: medicina, arquitectura, derecho, educación, administración de servicios de salud, programación, diseño, entre otros.
De manera que, si eres estudiante y estás tentado a usar este servicio, pregúntate primero si vale la pena arriesgar tu futuro escolar por un proyecto que quedará en manos de alguien que no sabe de tu licenciatura, maestría o, incluso, doctorado y que estará ocupándose de tu tarea y veinte más.
Si quieres entrar a ser asesor, no ganarás tanto como crees y perderás tu libertad, ya que una estrategia para mantenerte retenido es la constante cotización de trabajos y el chantaje emocional para que estés siempre disponible para aceptarlos 24/7.


























